Luis García Berlanga

BERLANGA, EL REALISMO MÁGICO.

Mi descubrimiento de Berlanga fue paulatino. Yo vivía en Francia y, cuando allí llegó su primera película, con Bardém de coautor, me sorprendió, porque en ella privaba un tipo de imaginación muy moderna y muy bien determinada por la historia del arte y de la literatura, que ha sido muy específica de su generación en todo el mundo de la cultura. Si los españoles no fuésemos tan humildes -signo de nuestra vanidad- sabríamos incluirnos en casi todos los movimientos estéticos de importancia que han acaecido en Europa, y hasta fuera de ella, desde principios del siglo XX.
Hemos contribuido al cubismo, al surrealismo, al expresionismo literario de la mano de Valle Inclán, al poco teatro poético que existe en vigor en el mundo, de la mano de Lorca ¿Les parece poco?

Retrato del director de cine Luis Berlanga

Pero al inicio de los años sesenta, surge en el mundo un movimiento, que por calificar de algún modo se le designa como realismo mágico. No cabe la menor duda de que el mundo de Berlanga, irónico, imaginativo, transgresor, lírico, disparatado, siempre dentro de una base de despliegue realista, es realismo mágico. Y ¿saben ustedes quienes son sus adelantados, sus máximas figuras, entre las cuales Berlanga figura casi solitario en el apartado de la cinematografía? Son Italo Calvino, el escritor que cada vez se eleva más en la opinión de los más exigentes, García Marquez, el genial inventor de Macondo, una de las más poderosas plumas del mundo. Mizhima, el japonés occidentalizado. Les sigue una cohorte de ingenios centroeuropeos y todo ello parece ser el fruto espontáneo, jocundo y dramático a la vez, de una libertad interior que se ejerce con fuerza irónica. Particulares mundos pintorescos, como los de Günter Grass. Esa generación europea y mundial de los fecundísimos sesenta ha tenido una rara unidad y la tendrá en los manuales de literatura o de arte, cuando la literatura y el arte se estudien bien y por parámetros más internacionales y equilibrados. Sobre todo en España, donde nadie quiere saber quién es quien por miedo a tener que rechazarse a sí mismo.

Quiero entrañablemente a Berlanga, admiro y me deleito con su cine. Recuerdo todos sus pueblos, a la vez inventados y reales -suprarreales también- y a sus tipos, tantísimos tipos, con garabato quevedesco. Y sus sociedades, llenas de alegres locos. Haga lo que haga Berlanga, siempre que tenga una cámara en las manos hará historia. Una historia no limitada al contexto del cine español, sino a la existencia de una generación brillante y de signo muy universal.

Texto: Francisco Nieva
Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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