Joan Manuel Serrat

MEDITERRÁNEO Y OTRAS CANCIONES

Serrat, como a tantos artistas de auténtica valía, no le fue fácil ser profeta en su tierra, y si hoy casi lo es, se debe a que, ya sea rodeado del éxito, la indiferencia o la censura, siempre se las arregló para ser poeta en su tierra. Y, por suerte, también en la de otros. Así como en Cataluña lo escuchan con oídos catalanes y en otras regiones de España con oídos castellanos, en esta orilla del Atlántico lo escuchamos con oídos latinoamericanos y siempre (no importa que cante en castellano o en catalán) nos ha parecido uno de los nuestros.

Retrato del cantautor catalán Joan Manuel Serrat
Hoy Joan Manuel llena los estadios del Río de la Plata. Recuerdo, sin embargo, que en una amarga época de mi país, la dictadura militar prohibió sus discos y recitales y hasta tomó la ridícula medida de retirar de las librerías los libros de Antonio Machado “por ser el letrista de Serrat”. Hace un tiempo publiqué en Buenos Aires, con el título “Mediterráneo y otras canciones”, una antología de las letras de Serrat, y en el prólogo señalé que “desde siempre el fundamento y el ámbito familiar han sido (y aún hoy siguen siendo) sustancia esencial en la vida y el arte de Serrat. Sus canciones a la madre, al padre, al abuelo, así lo atestiguan. Es una prueba significativa de la importancia que siempre han tenido para él las distintas gamas del sentimiento. Quien asista a uno de sus recitales en cualquier lugar de España o de América Latina comprobará la espontánea corriente afectiva que de inmediato se establece entre el cantante y su público. Algo así como un intercambio osmótico de afectos.

El amor es un territorio por el que Serrat transita con calidez y llaneza, logrando siempre que el humor lo salve de la retórica, y la naturalidad lo defienda de lo frívolo. Es cierto que la coherencia ideológica no siempre es garantía del buen nivel artístico de un cantante, pero debemos reconocer que en el cantante del Poble Sec es un elemento vital que se agrega sin esfuerzo a su innato poder de comunicación, al timbre inconfundible de su voz, a su don para narrar historias y a la sostenida calidad de sus letras y melodías.

Texto: Mario Benedetti   Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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