Javier Mariscal

MARISCAL, singular e irrepetible

Los que disfrutan del parque de atracciones japonés diseñado por Javier Mariscal, o los que reconocieron, desde puntos alejados del planeta, la mascota de los Juegos Olímpicos de 1992 ignoran con toda seguridad la biografía de este valenciano, que a los veinte años se desplazó a Barcelona con un ideario alternativo después de haber crecido en una familia numerosa de once hermanos, apellidados Errando. En la capital catalana sólo lo hemos conocido como Javier Mariscal, pues dejó el apellido Errando en Valencia. La Barcelona del tardofranquismo que lo acogió le animó a estudiar Diseño Gráfico, a colaborar en revistas de cómic y a frecuentar ambientes artísticos. Mariscal es uno de los artistas que mejor se asocian a la identidad gráfica de Barcelona. Ya en 1979 produjo una obra que figura hoy en su selecta antología: la marca Bar-Cel-Ona, obtenida mediante divisiones silábicas. Después vinieron el Cobi y la Petra. Pero Mariscal a seguido siempre contribuyendo a dar imagen a la ciudad.
Retrato del diseñador Javier Mariscal
Javier Mariscal tuvo el acierto de montar su estudio en una antigua fábrica del Poblenou. Fue uno de los primeros artistas en instalar el estudio en lo que se bautizó como Palo Alto, en atención a la elevada chimenea que preside el conjunto arquitectónico y a las resonancias californianas del apelativo. Allí, una decena de ordenadores de pantallas multicolores diseñan revistas, dibujos, telas, bases... La soltura del trazo y la gran dosis de imaginación de que goza Mariscal conducen a un estilo singular e irrepetible.

Texto: Pasqual Maragall
Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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