“Antoñete”

"ANTOÑETE" POR "SIGUIRIYAS"

El mundo del toro, como mi mundo —el del cante— o la pintura, o la poesía, en definitiva,
todos los mundos donde se pone a prueba la capacidad creadora, me han interesado —y a la vez sorprendido— desde siempre. Son mundos extraños, difíciles de entender porque, ¿quién sabe explicar por qué se torea, se canta, se pinta o se escribe un poema?
En cambio, no creo que haya nadie que no se estremezca ante un buen poema, un buen cuadro, un buen cante o una buena faena.

Retrato del torero Antonio Chenel, Antoñete
El toreo de “Antoñete” en más de una ocasión fue para mí una provocación al cante, y más de una vez tuve que contenerme para no romper el silencio en el que el maestro, poderoso, emplazao con el toro en los medios como dictando sentencia, se recreaba en cada lance. Aunque ahora digo, porque así fue, que me arrepiento. No quise romper aquel silencio sobrecogedor en el que el maestro “Antoñete”, en ese solitario cuerpo a cuerpo con el toro, ensimismado, pálido, vestido de catafalco y oro, cargando suavemente la suerte y llevando la muleta con tal delicadeza que levantaba gritos de ¡torero! en el graderío, me recordaba otros grandes momentos en que el también maestro Antonio Mairena, sentado, mirando a Melchor de Marchena, maestro de la guitarra, con un gesto cómplice y altivo, anunciaba seguro y enérgico: “¡Cante grande: por siguiriyas!

Texto: José Menese   Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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