Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010.

Cuando trato de imaginar qué hubiera sido de mi vida de no dedicarme a la política, a veces caigo en la ensoñación de una vida más cómoda, más anónima, más familiar. Pero me hubieran faltado algunas cosas que me han enriquecido y hecho crecer, que han colaborado a que sea quien soy. Una de ellas, y no la menor, es la de haber tenido la oportunidad de conocer de cerca y apreciar de verdad a Mario Vargas Llosa.

Retrato de Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010

No pretenderé ser lo que no soy. Quiero decir que mi profesión no es la de crítico literario ni soy un intelectual. Me tengo por un lector casi voraz, y especialmente tragón de la literatura de Vargas Llosa, que otros ensalzarán con más justeza. Al varguitas escritor tengo que agradecerle muchas horas de placer y otras de reflexión.

Me interesa aquí mucho más dejar contado el Mario buen amigo. Nunca le he visto renunciar a sus principios por ningún motivo. Es el tipo de persona que los de mi ocupación necesitamos: principios sólidos, insobornable, sincero, directo. También ameno, divertido, experimentado, tiene ese don de la palabra del que tanto disfrutamos los castellanos. Literalmente, encanta a las mujeres, como se encarga con frecuencia de recordarme la mía.

Ha sembrado una cosecha cuyos resultados son espectaculares. ¡Felicidades!

Texto: José María Aznar
Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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1 Respuesta

  1. Crismar
    El libro es una decepción. Las entrevistas están separadas por temas (cuatro o cinco, si mal no recuerdo) en vez de por autor. En cada capítulo aparece una pregunta y después las respuestas intercaladas de los distintos escritores que van desde monosílabos hasta un par de párrafos breves. Nadie se explaya acerca de nada y la lectura se vuelve difícil (hay muchos autores cuyas respuestas son interesantes, pero otros tantos que contestan cualquier cosa). La única forma de buscar al autor que te interesa es en el índice al final de libro e ir de página en página ubicando lo que pueden ser no más que dos palabras. En resumen, dado el formato en que eligió presentar el texto, Alarcón se farref3 a buenos entrevistados como Chabon (guste o no guste, el tipo da buenas entrevistas), Roddy Doyle y otros. Más encima, como las preguntas son por cuestionario, no hay contrapreguntas ni diálogo entre Alarcf3n y los demás escritores para profundizar en algunos temas. Creo que si uno busca un Novelist's Handbook , que es como se vende este libro, haría mejor en leer el de a James Wood, los tres volúmenes sobre escribir de John Gardner o, por último, una coleccón de entrevistas bien editadas como las del Paris Review.