Categoría: Los Seres Queridos

Rossy de Palma

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El icono de la primavera

Rossy de Palma trabajaba de camarera y cantaba en el grupo de rock Peor Imposible.
Un día me llamó y me propuso actuar en mis películas. Yo le dije: “¿Actuar? Si tú podrías dirigir”. No necesitaba verla en ninguna prueba, ella misma era la prueba. Rossy entonces era un icono, pero en cuanto se puso ante las cámaras se convirtió en actriz.

Texto: Pedro Almodóvar   Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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Arantxa Sánchez Vicario

Retrato de la tenista Arantxa Sánchez Vicario
La tenista Arantxa Sánchez Vicario acusa a su familia de haberse enriquecido con la gestión irregular de su fortuna.

Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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Baltasar Garzón

Retrato del Juez Baltasar Garzón
GARZÓN CORAZÓN DE LEÓN

Ningún juez tiene derecho a dejar de serlo cuando su oficio lo enfrente al poder. Los jueces no pueden comportarse como los bueyes-tigres que denunciaba Voltaire: bueyes para los poderosos y tigres para el común de los ciudadanos. La justicia no tiene derecho a ser afilada frente a los gobernados y roma frente a los gobernantes. El lord canciller Lyudhurst lo dijo muy bien: “Un juez ha de ser, ante todo, honesto. Debe tener una razonable dosis de habilidad. A ello debe añadir valor y ser un caballero. Si además posee alguna noción de Derecho, le vendrá muy bien”. La honestidad, el valor y la dignidad están por encima de los conocimientos legales.

Baltasar Garzón ha demostrado con creces su honestidad, su valor y su dignidad democrática como ciudadano y como juez. Le hubiese sido muy fácil la inhibición, la obsequiosidad y la reverencia ante el poder. Le hubiese sido muy cómodo permitir el ejercicio por los delincuentes del poder del derecho a la impunidad, que es lo que en realidad reclaman, unos y otros, pero decidió comportarse con la dignidad ética y la legitimidad jurídica que exige el Estado democrático de Derecho. Decidió no hacer posible el derecho de los poderosos a delinquir impunemente en nombre de una interpretación mafiosa, corrupta y tribal de la razón de Estado.

Se ha dicho que cuando la política entra por la puesta de un juzgado, la justicia sale por la ventana. Lo cierto es que cuando un político del poder es investigado judicialmente, se intenta por todos los medios defenestrar al juez. Lo siguen intentando con Garzón de la forma más brutal, tosca y zafia. Baltasar podría decir lo de aquel representante en las Cortes reunidas en Valencia por Jaime el Conquistador cuando éste lo amenazó con tirarlo por la ventana: “Mirad, señor, que soy pequeño pero peso mucho”. Baltasar pesa tanto como la justicia en un Estado democrático de Derecho. Y puede recitar aquella recia estrofa de Rubén Darío en su plegaria a nuestro señor Don Quijote:
“Del hampa que sacia / su canallocracia, / del puñal con gracia / líbranos, señor”.

Texto: Joaquín Navarro Estevan   Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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Mariano Rajoy

Retrato del nuevo Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Malos tiempos para la lírica

Imagen: Fernando Marsá.    Licencia Copyleft: Puede reproducir la imagen citando a su autor y enlazando con nuestra página web.

“Antoñete”

"ANTOÑETE" POR "SIGUIRIYAS"

El mundo del toro, como mi mundo —el del cante— o la pintura, o la poesía, en definitiva,
todos los mundos donde se pone a prueba la capacidad creadora, me han interesado —y a la vez sorprendido— desde siempre. Son mundos extraños, difíciles de entender porque, ¿quién sabe explicar por qué se torea, se canta, se pinta o se escribe un poema?
En cambio, no creo que haya nadie que no se estremezca ante un buen poema, un buen cuadro, un buen cante o una buena faena.

Retrato del torero Antonio Chenel, Antoñete
El toreo de “Antoñete” en más de una ocasión fue para mí una provocación al cante, y más de una vez tuve que contenerme para no romper el silencio en el que el maestro, poderoso, emplazao con el toro en los medios como dictando sentencia, se recreaba en cada lance. Aunque ahora digo, porque así fue, que me arrepiento. No quise romper aquel silencio sobrecogedor en el que el maestro “Antoñete”, en ese solitario cuerpo a cuerpo con el toro, ensimismado, pálido, vestido de catafalco y oro, cargando suavemente la suerte y llevando la muleta con tal delicadeza que levantaba gritos de ¡torero! en el graderío, me recordaba otros grandes momentos en que el también maestro Antonio Mairena, sentado, mirando a Melchor de Marchena, maestro de la guitarra, con un gesto cómplice y altivo, anunciaba seguro y enérgico: “¡Cante grande: por siguiriyas!

Texto: José Menese   Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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