Categoría: Los Seres Queridos

Nuria Espert

Retrato de la actriz Nuria Espert
FASCINADORA ESPERT

Mi adoración por Nuria Espert se remonta a una fascinadora Medea de los años cincuenta, cuando ella era una fuerza insólita de la naturaleza desatada en la realidad gris de aquella Barcelona. Su imagen invade ciudades, museos, libros, viajes compartidos. Es la actriz que enamora y la amiga que obsequia con mil recuerdos de belleza inmarchitable.

La he visto montar sobre la nada toda una representación en Londres cuando el decorado llegó tarde y mandó esperar a un público de lo más selecto -incluida una princesa real- durante una eterna hora y media en que se dedicó a poner luces. Lo cual no evitó que diese, entre furia y nervios, la más inolvidable Yerma de su vida. Y la he visto dejando pasar las horas perezosas de Assuan, junto al Nilo, llorando con los desmanes de una novela poco inmortal. La he visto con máscara y sin ella, furia del averno y criatura desvalida. Y para que estas líneas no deriven hacia la cursilería, mejor acabar con las palabras que el príncipe Hamlet debió pronunciar pensando en Nuria: “Le adjudicaron cualidades de riqueza y rareza tan absolutamente únicas que para hablar de ella con dicción verídica sólo se encontrará parecido en su propio espejo. Y cualquiera que se empeñe en imitarla solamente será su sombra”.

Texto: Terenci Moix.   Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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Manuel Vicent

UN “ELEGIDO” IMPREVISIBLE

Este es un dios que asciende y desciende sin red. No es, contra lo que pudiera parecer, un deus ex machina. No está ahí, suspendido en el aire, para resolver ningún conflicto ni pretende facilitar el desenlace de la obra. Su expresión es la de quien sabe que esto es así desde hace muchos siglos. Y como lo sabe convierte a Caín en un saxofonista de jazz que suena su instrumento con Oscar Peterson y Ray Brown en Nueva York. Forma parte de los elegidos. Ha cultivado, no sin esfuerzo, la capacidad de vivir con criterios propios en este teatrillo, pero nunca pensó que podría estar por encima del bien y del mal. Al contrario, quien le conoce asegura que ha querido estar en el bien y en el mal.

Retrato del escritor y periodista Manuel Vicent
Este es un dios que quiere ser hombre, hombre mediterráneo. De un Mediterráneo bello, confortable, luminoso, poblado y poco contaminado. Y que, aún sabiendo que ese Mediterráneo es inencontrable, no desfallece. Desde Madrid, donde habita, asciende para ver esa mar o desciende para recoger sus vientos y sus brisas, sus colores y las costumbres de sus gentes. Allí pasa largas temporadas en el velero o en la supuesta ex colonia griega llamada Hemeroskopeion. Como Chamfort piensa que “il y a des siècles oùl l'opinion publique est la plus mauvaise des opinions”. Y escribe, entre otros motivos, para que así no sea. El, a diferencia de Jehová, es autor de sus escritos, sin intermediarios.

Nacido el año del empellón general y españolísimo es de los que vive su presente, nuestro presente, sin tener que perder la memoria ni hacer del olvido una actitud rentable. Un escritor, y un buen escritor como él, es impensable sin gran capacidad de rememorar, de memoria y de observación. Manuel Vicent es difícilmente controlable y más bien imprevisible. En los tiempos que corren y en los espacios que habitamos, incontrol e imprevisibilidad son dos virtudes que muy pocos poseen, dos virtudes raras.

Esperamos, y escribo en plural porque sé que somos muchos sus lectores, que siga “contando i casi de la vita nostra”.

Texto: RAIMON (Cantautor).   Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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Rossy de Palma

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El icono de la primavera

Rossy de Palma trabajaba de camarera y cantaba en el grupo de rock Peor Imposible.
Un día me llamó y me propuso actuar en mis películas. Yo le dije: “¿Actuar? Si tú podrías dirigir”. No necesitaba verla en ninguna prueba, ella misma era la prueba. Rossy entonces era un icono, pero en cuanto se puso ante las cámaras se convirtió en actriz.

Texto: Pedro Almodóvar   Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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Arantxa Sánchez Vicario

Retrato de la tenista Arantxa Sánchez Vicario
La tenista Arantxa Sánchez Vicario acusa a su familia de haberse enriquecido con la gestión irregular de su fortuna.

Imagen: Fernando Marsá y Paz Cogollor.

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